¿Quién dice que todo lo que se escribe se vive?, muchas veces solo se piensa, lo maravilloso de las letras es esta posible creación plagada de fantasías de nosotros los simples mortales, en un papel no todo puede ser real, ni todo una mentira, en dado caso el verdadero vínculo entre las letras y las vivencias solo lo conoce el autor.

jueves, 15 de septiembre de 2011

El fantasma que te sigue.

Cuando la mente se empeña en que la idealización tenga un rostro, un nombre, una voz... la persona en la que es depositada de repente tiene un fantasma que lo sigue, es quien queremos que sea, con tantas virtudes como las vamos deseando, se convierte en un personaje, con una esencia de vida invisible, ignorada por necesidad, y algunas veces esa situación llega a ser tan interesante que se convierte en una invención compartida.

Pero como todas las faltas, llegará el momento en que sea cubierta o en su defecto mudada, si quien ha actuado ha sido enganchado por su personaje, entonces nunca dejará de ser lo que fue, aunque lo sepa ficción, y si somos agradecidos, le recordaremos siempre por habernos dejado liberar a aquel fantasma.

La mejor parte es cuando reconocemos la falta, pues la idea nunca es cambiar a alguien, se trata de complicados juegos mentales, artimañas de la vida que parten de conocernos, es la ilusión de ver en otro lo que tenemos frente al espejo, no es raro que eventualmente descubramos que ese fantasma se trataba de nosotros mismos.

Ofelia Balderas Gallegos.

3 comentarios:

Daniel Eduardo Gómez dijo...

Excelente propuesta.

Hasta en el amor uno enciende una linterna e ilumina más de lo que brilla por si mismo a la persona elegida. Es al apagar la linterna que que deberíamos valorar su propio brillo por tenue que este sea o destinarnos al fracaso

Un abrazo

Ricardo Musso dijo...

Hola Ofelia, buenos días de domingo.

Excelente publicación, a mi gusto.
A estas alturas de mi vida conozco a la perfección estos mecanismos mentales y sé como protegerme.
Pero debo reconocer que en muchas ocasiones, la investidura que por “amor” o “admiración” me ha colocado alguna persona significativa para mí de lo que ella suponía soy capaz, se transformó en un pesado ariete (fantasma) que obturó la posibilidad de disfrutar de ese vínculo.
También, en sentido inverso, cuando he sido yo el que ha proyectado cualidades en el otro (otra) que no eran más que deseos míos, he notado esa “carga” en el depositante.
Como bien decís, cuesta tomar consciencia que ese “fantasma” somos nosotros mismos, que no “enamoramos”, subyugamos, y disfrutamos más de nuestra propia idealización que de la persona tal cual es.

Un Abrazo.
Rik

Nacho Mataró dijo...

Casi todos, en un momento dado, sea por una carencia, por un mala época, por un autoinconformismo, seguramente hemos creado a ese fantasma, o alimentado ese alter ego... y no, no es nada malo, siempre y cuando seamos conscientes de donde acabá él y donde empezamos nosotros!
Me gustó tu blog y te sigo desde hoy, si gustas pasar por el mio, siempre tengo a punto el Té y las pastitas. Un abrazo!:)

alaluzdelachimenea.blogspot.com

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