
Cierto día un sueño me pidió reducir mis cargas, me dijo que hablara, y hablé, desde entonces no he callado odios, ni amor.
El hablar le ha dado comodidad a mi alma, una comodidad que no percibe el tiempo, ni la vida, ni la muerte, porque se concibe a los sentimientos dentro de la inmensidad de lo eterno, en la libertad del sonido, la voz, que crea, que canaliza, que se comprende.
Ofelia Balderas Gallegos.




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